domingo, 23 de marzo de 2014

Los zombies, nos caracterizamos por haber recibido una enseñanza mediocre

Los zombies, nos caracterizamos por haber recibido una enseñanza mediocre, donde nos obligaban a leer unos libros vulgares del año del cuete.

Insignificantes, y más aún, asombrosamente aburridos como ostras en el alambre de la estupidez más imbécil que pueda existir en el territorio de nuestra Patria Soberana.

La obligatoriedad cualdrácula para ser digeridos en la psiquis, nos dejaba zombies sentados  como estatuas en nuestros respectivos pupitres de antaño hasta el día de hoy, con el lenguaje más fastidioso de esas lateras y desesperantes lecturas arbitrarias.

No nos podíamos zafar de tantas lecturas  zafarranchas destinadas a obedecer al sistema depredador de la psiquis de nuestra infancia, que sólo buscaba anular nuestra posibilidad de ser feliz, jugando alegre por los patios traseros de la escuela con la pelota de trapo, con el gato y con el perro.

Con la laucha de mi prima, con los pies muy embarrados, dando saltos y volteretas, de carnero y al pillarse; al ene tene tú; al terome terrome te sic te sac; a encumbrar el volantín, al trompo y saltar en el cordel manzanita del Perú cuántos años tienes tú, todavía no lo sé pero luego lo sabré…

-         Juguemos en el bosque mientras el lobo no está  ¿¡lobo estás!?
-         Me estoy poniendo los calzoncillos…


Recuerdo, que nos prohibían hasta tirarnos peos dentro de la sala de clase, así que buscamos peorrillas y las reventamos, para huir de la sala, y joder por joder a la profe de inglés: una peliteñida que cuando se metió al mar en un paseo de curso, se le resbaló la tintura por sus mejillas; así provocábamos que suspendiera sus somnolientas y aburridas clases

destinadas al sonambulismo crónico y perverso de una civilización que, ya en ese tiempo se dedicaba a cuidar y proteger en forma austera la decadencia senil y el mal de alzhaimer ; época de augurios nefastos que se veían avanzar a pasos galopantes entre tinieblas.

Nos idiotizaban sin que pudiéramos usar a nuestras anchas, el pensamiento para descubrir el entorno social y familiar, que alimentaba nuestro espíritu de sabiduría.

En vez de esta posibilidad mucho más interesante, se nos llegaba a caer la baba saliendo espumarajos por los bordes de nuestras bocas muertas de aburrimiento, por lo estúpido de sus argumentos a propósito de esos

 despojos de letras huecas e insulsas, que nos debíamos aprender de memoria como estropajos de la decadencia social que habitábamos en nuestra nación; conducida de la manera más horripilante y decadente por algunos gobernantes ineficientes y grotescos en su arbitraria

enseñanza desde nuestro ingreso en la más tierna infancia a la primaria; y más tarde a la secundaria y a la época terciaria del mioceno, en pleno período de la Inquisición del siglo XX, e incluso el XXI retrocediendo

vergonzosa y arbitrariamente, a la mismísima época medieval de los orangutanes prehistóricos faltos de ética, moral y buenas costumbres.

No me quedó otra que pedir a mis familiares que aún viven en el espacio del cosmos cibernético, que intercambiáramos algunos pepinillos de sabiduría cósmica para tener la posibilidad de vomitar esos mamarrachos de libros impuestos por ley gubernamental,

que debí aprenderlo bajo juramento tiránico, y más asqueroso aún, en forma nauseabunda a través de mi aparato circulatorio de la masa encefálica.

Bastante inútil para lograr SER lo que se ES: un SER pensante y NO una carroña ambulante similar a los zombies vagabundos, a los que les han succionado su masa encefálica para convertirse en cabezas de metal duro fortificado con alambre de envoltorio repugnante e inadecuadamente imbéciles.

Esto dio el resultado de generaciones ahuevonadas, torpes y desabridas, que sólo alimentaron su psíquis con paja molida, creyéndose reyezuel@s cuando no daban pie con bola en el entendimiento del SER que piensa y

siente y, por este mismo motivo, sufrí las penas de San Clemente abandonando mis libros de maestría literaria, por esos libros asquerosos

que lo que menos que tenían era ingenio, más bien chatarra oxidada y triturada con análgésicos del glaciar, donde van a pernoctar los chupacabras.

Al contrario, eran ¡tan mediocres! que en vez de volar, la sumían a una en el subterráneo de la desolación más espantosa e impune, pues no tenía la menor posibilidad de patalear y pedir auxilio para que me

rescataran de un aburrimiento de macabras características; así que sólo había que usarlos como papel confort cada vez que nos daban ganas de ir a cagar en el buen término de la palabra al wc.


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