lunes, 2 de julio de 2012

Tissú Enfermo Grave



Estuve en cama resfriado. Bastó para que me inventaran que tenía una enfermedad Terminal, y comenzaron a hacer colectas y show´s para reunir dinero para las operaciones. Resultado: llegué sano y salvo una semana después del “resfrío”. Lo peor de todo fue que Perico se quedó con todo lo acaudalado sin darme un veinte a mí y argumentando a mis compañeros que todos se quedaran calleuque el loro conmigo porque yo no tenía idea de mi enfermedad, y como mi mamá tampoco iba a reuniones, nadie sabría si era cierto o no que yo andaba “terminal” con un simple resfrió paseándome por las calles.

Lo amenacé que abriría la boca y que dejaría al títere sin cabeza si no me daba una participación. 

A la próxima – dijo Perico – pues éste fue invento mió y tu estuviste en cama y no hiciste nada de nada.

Lo más tramposo es que Perico en cuanto sabe que yo parto fuera de Santiago, inventa que estoy hospitalizado y hace presentaciones, en beneficio mío, con música (guitarra, saxofón, etc), todo gratuito menos las entradas y las comilonas, las cuales venían a sumar sus arcas.

Me empecé a dar cuenta de su estrategia, así que al regreso me convencí y le pedí 50% y 50%. Más lo que pataleó, pero me lo tuvo que dar so pena que abriera yo el tarro.

Un día llegó al colegio y me dijo:
Ya si soy tan capo ayúdame a trabajar en este otro asunto que tengo pensado.

Se trataba de lo siguiente: yo subía paralítico con muleta, con un ojo parchado a la micro y con un cartel colgando plastificado el cual, mencionaba mi tratamiento hemipléjico que habíamos bajado por Internet, complementándolo con hartos tiritones (los cuales había ensayado una y otra vez).
Como ustedes pueden ver – decía Perico con cara de médico pediatra – mi hermano es hemipléjico, y además se cayó de la micro pues tiene principio de claustrofobia y se pegó en un poste la nariz y en un clavo el ojo. Para su recuperación necesitamos de su ayuda: una limosnita por favor.

Estuvo tan bien hecho el show que casi todos nos dieron monedas, menos uno que me dijo:
A ver, sácate el parche.

Fue tanto el susto que me dio, que se me cayó la muleta y apreté cueva. A Perico no le quedó otra y tuvo que correr detrás mío, con todos los bolsillos llenos. Cuando por fin nos perdimos por las calles, respiramos fuerte y comenzamos a reír.

Al día siguiente empezamos a planear otra estrategia. Planeábamos y planeábamos y no terminábamos nunca de hacerlo. Comenzamos a hacer una maqueta y con pequeñas figuras los hacíamos jugar en función a nuestros proyectos. Al tercer día lo descubrimos. Pondríamos una venda alrededor de la cabeza de mi hermana chica Piji y por supuesto debía llevar una enorme y asquerosa mancha de sangre.
Tissú, al cachipún quien se saca sangre para la venda – me apostó el Perico. Estuvimos toda la tarde jugando al cachipún y... ¡no hubo caso!, ninguno de los dos se saco ni una sola gota.
Pongámosle tempera roja – le dije a Perico
Roja con negro para que se vea más cerda – respondió Perico. Trajimos la venda, y así lo hicimos, le echamos un buen chorro.
Piji ven – le grité desde mi pieza
¿ke quiedez Tissú?
Queremos salir con Perico y te queremos colocar esto – y le mostré la venda mugrienta que tenía entre mis manos
No quedo Tissú, eso está muy cochino
Pero vamos a ganar harta plata Piji
No le digas más Tissú – secreteó Perico
Le voy a poner una ropita más adecuada – fui a buscar la más viejita y percudida, y se la cambié. Luego me cambié yo, tijereteé algunas partes y partimos.

Salimos a la calle.
¿Donde vamos Tissú? – preguntó la Piji entrometida, con su trapo con sangre de tempera roja y negra en su cabeza
Vamos a subir a la micro Piji

Llegó la micro y subimos los tres. Como Perico tenía más labia, él era el orador.
Sres. pasajeros, yo no tenía la intención de molestarlos pero mi hermana sufrió un tremendo golpe en su cabecita y tuvo que parar en el hospital – mostró un papel falsificado y todo roñoso que él mismo confeccionó apretándolo con sus manos sucias, lo plastificó, y se lo puso al cuello a la Piji.
Tissú, te voy a acusad a mi mamá porque están diziendo puraz mentiraz.
Cállate Piji – le dije. Menos mal que habló despacito y nadie la escuchó – si quieres que te compre un helado.

Terminó Perico de hablar y comenzamos a pasar un tarro y nos despreocupamos de la Piji, a quien le regalaron de todo: chocolate, dulces, etc.

La Piji era nuestra moneda de la suerte, como era bonita, todo el mundo le daba. Sin embargo, ella descubrió de inmediato que era única, por lo tanto exigió la tercera parte de nuestra recompensa.
Tissú, dame una parte por igual a mi – y aunque no sabia ni leer ni escribir, sacó exactamente lo que le correspondía.

Subimos a otra micro pero a Perico se le trabó la lengua porque vio a su prima Eulalia sentada en uno de los asientos, así que tuve que ponerme las pilas.
Sres. pasajeros, como ustedes pueden observar, a mi hermanita le dio traumatismo encéfalo craneal y fue a parar a la UTI, ahora en su recuperación tiene que hacerse varios chequeos mentales – parece que nadie me creyó porque sacamos re poca plata y el Perico andaba que echaba humo.

Finalmente nos separamos y me fui solo con la Piji (no sin antes repartir en tres las escasas monedas) en dirección a la Plaza de Armas. Empecé a decir con voz lo más lastimera posible:
Una limosnita por favor para mi pobre hermanita enferma de cáncer.
Tissú, yo no soy pobre – me dijo la Piji molesta
Lo sé Piji, pero ¿quieres que le saque plata a la gente?
Diciendo la verdad, diciendo que tú hermana canta y baila y... - se puso a bailar en medio de la Plaza de Armas. Le tiraron cualquier moneda, sin embargo cuando nos disponíamos a recogerlas, atravesó la Plaza la tía Candela y nos fue a saludar.
Suelta esas monedas Piji – le alcancé a decir por lo bajo, pues la Piji, la muy manilarga había tomado un puñado de un round
¿Que hacen aquí mis niños? – preguntó tía Candela
Paseando – respondí lo más escueto posible
Vamos, los llevo a casa en auto – nos dijo nuestra tía , contenta que fuéramos juntos a casa.
Pasó a ver a mi mamá que se encontraba todavía enferma en cama, y ahí supo que mi papá había ido de voluntario a sanar heridos a otro país.

Pasaron los días y estaba enfermo de aburrido, así que invité a Perico para que inventáramos algo... pasamos por el pasillo y de repente se escuchó horrorosos ronquidos a través de la puerta entreabierta. Entramos y nos encontramos frente a frente con la Rosario a pata rajá. Nos miramos y comenzamos a planificar. La Piji se coló porque nos escuchó:
Zi tú no me dejaz participar lo digo todo Tissú.

Al día siguiente, a la hora de siesta en cuanto comenzó a dormir la Rosario, comenzamos a adornarla de monstrua del lago Ness. Colocamos una percha en el techo y le amarramos un pie para que tuviera movimiento mientras, Perico debajo de la cama con un carrete movería la manivela. Ya teníamos todas las entradas vendidas. Sin embargo, no nos gustó el diseño y le amarramos las muñecas y el otro pie también.

Llegaron nuestros vecinos a ver la monstrua, pero no se contentaron y comenzaron a llevarse un pedacito de calcetín cortándolo con una tijera que se nos había quedado perdida en la repisa y los carteles como “ogra al acecho” u “ogra durmiendo siesta”, hasta que descubrieron que bajo el cartel que habíamos dibujado en detalle con Perico “monstrua del lago Ness” se encontraba la Rosario. Todos comenzaron a pedirnos de vuelta los $1000 pesos de entrada que habíamos pedido por horario completo. La Piji salió en nuestra defensa:
Ustedes sabían que no se iban a encontrar con una monstrua de verdad, pero pudimos darles un buen show y bla bla bla – y en eso que se despierta la Rosario llena de amarras por todos lados pues, hasta por la cabeza la fijamos a los cordeles y comenzó a gritar:
Tissú ¡¿QUÉ ES ESTO?! los dos castigados a la cocina a lavar platos (la muy aprovechadora) - mientras los demás apretaban cueva.
Yo no quiero – se resistió la Piji
Claro que si – la pellizqué para que nos fuéramos. Lavamos platos hasta que nos dio punt´á.

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