domingo, 15 de julio de 2012

"La Maratón" (año 1978) publicado en un diario clandestino de la época ¿alguien por ahí que recuerde esta publicación? Tenía 21 años.

Desde tempranas horas de la mañana (9 horas aproximadamente)  del día primero de mayo de 1978, en Santiago de Chile, se podía observar que en los lugares más adyacentes a las plazas Pedro Aguirre Cerda y Almagro, existía una extraordinaria asistencia de deportistas ansiosos de participar en la maratón que había de realizarse minutos mas tarde.
A escasos metros de los lugares antes nombrados, un atleta de uniforme verde me hizo señas de que por donde iba yo, no era posible seguir caminando pues, estorbaba mi presencia a los de su equipo.
Decidí entonces, dar media vuelta dando un rodeo cuadricular con el propósito de alcanzar una perspectiva más amplia del aspecto físico que presentaba el lugar susodicho. Tres individuos sin uniforme, me salieron al paso. Presentaban rasgos atléticos (espaldas anchas y musculosas, panzones y copiosamente velludos, semejante a los orangutanes africanos). Se encontraban limpiando un Fiat blanco 1500 tan afanosamente que cuando les pregunté:
-¿Cuántos de ustedes son los que van a participar? o no me escucharon o no me quisieron contestar...
Seguí entonces, adelante, hasta que me acerqué trotando a un individuo que a su vez iba trotando. Este si que no presentaba aquellos rasgos atléticos como los anteriores, diría todo lo contrario pues, más bien sólo se le podía reconocer bajo aquella camisa transparente, desgastada por el uso de los años, el esqueleto de sus huesos...
-¿Cuántos son los equipos participantes?- le pregunté corriendo tras él.
-Sólo dos- respondió.
-¿Quiénes son?- le pregunté respirando dificultosamente.
El hombre me miró con cierto recelo pero, luego se tranquilizó y me contestó tomando impulso, inspirado por lo que me iba a decir a continuación:
-Los de PAN- TRABAJO - LIBERTAD contra los de HAMBRE - CESANTÍA - REPRESIÓN. Intrépidamente me dio un beso, aceleró su paso y...lo perdí de vista.
Seguí caminando hasta que enseguida me encontré con un hombre que me pareció que era uno de los que organizaba el acto, entonces, me detuve y le pregunté:
-Señor, ¿sabe usted dónde se va a efectuar la maratón?
-Mire, la verdad es que la maratón ya empezó pero, lo que no sé con exactitud es en qué lugar, ni a qué hora precisa comenzó. No todos han partido a un mismo tiempo, ni tampoco en un mismo lugar. Lo que sucede es que se inscribieron excesivos competidores para tan escasos árbitros...
-¿En cualquier lugar de este sector entonces, la gente parte?- le pregunté por preguntar.
-Compruebe usted misma y se dará cuenta que ¡si! No hay lugar en que los atletas no estén ansiosos de que alguien les de el grito de partida.
Enseguida lancé un grito para comprobar si era cierto y...¡así fue!
Aproveché entonces, de acoplarme a los de PAN _ TRABAJO _ LIBERTAD  caminando...trotando...corriendo,corriendo, corriendo...hasta que ya agotados quisimos irnos a descansar y, nos dirigimos a un terreno adyacente a la Iglesia de las Sacramentinas situado en Arturo Prat entre Inés Aguilera y Cóndor que estaba destinado precisamente a la Asociación de Deportistas Aficionados. Subiendo la escalera en "choclón" hacia una sala del segundo piso; bajando la escalera hacia el subterráneo; corriendo corriendo corrie...tropezándonos tropezándonos tropezándonos unos contra otros a consecuencia del cansancio que no nos dejaba mantenernos lo suficientemente firmes en pie y, además como venían pisándonos los talones a escasos milímetros de distancia y...como los asientos no daban abasto para que cupiéramos todos...bien, de todas maneras hubieron pequeñas dificultades por lo que algunos del equipo nuestro tuvieron que seguir trotando con el equipo contrario ("juntos pero no revueltos" diría algún tipo muy listo por ahí) hacia otro lugar que obviamente debía haber sido menos confortable aún que éste por lo que me pude apreciar más tarde cuando nos volvimos a encontrar después de este evento.
Cuando subía yo las escaleras, le pedí a un joven que me diera su impresión acerca de lo ocurrido:
-Mira, yo te diría - comenzó diciendo - que existe una gran falta de Servicio Médico pues, por desgracia una gran cantidad de atletas han quedado con diversas contusiones pues, el ejercicio a veces se ha hecho bastante violento por las repetidas ocasiones en que ha sido necesario acelerar el paso pues, si el corredor o corredora (incluyendo niños, niñas, señoras con guaguas etc.) tienden a quedarse rezagados, tienen mayores probabilidades de ser pisoteados.
-¿¡Pisoteados!? - grité más que preguntar.
-¡Sí! ¡pisoteados! - me respondió él moviendo afirmativamente su cabeza.
-¿Por quiénes? - pregunté yo ingenuamente.
- ¡Por los que vienen de atrás! ¡por supuesto! - me contestó él casi sin aliento mientras, varios del equipo contrario le sujetaban la manga insistiéndole fastidiosamente a que los acompañara...no seguí preguntándole. Me pareció que lo necesitaban con urgencia...enseguida pasamos a la sala junto con los restantes maratonistas (sólo los que pudieron resistir semejante apresuramiento) después de algunos minutos, uno de los pocos árbitros asistentes en esa jornada, se subió a una mesa y, desde allí expresó lo siguiente: "Compañeros (as), todos sabemos que hoy ha sido un día bastante agotador pero, ustedes ya sabían lo que les esperaba encontrar aquí, por eso es que debemos afrontar la circunstancia con más calma y estar conscientes que la realidad que se nos está dando a nosotros ahora, no se nos está dando única y exclusivamente a nosotros sino que también en otros diversos sectores por lo tanto, nosotros no somos los más importantes como para que nos vengan a socorrer. Enseguida nos dio instrucciones para que respiráramos según los métodos utilizados en yoga con lo que logramos aliviarnos más del ahogo con que todos estábamos atragantados.
Un rato más tarde, miré a mi alrededor y noté a una joven que tenía cara de preocupación...
-¿Qué te pasa? - me acerqué preguntándole.
-Es que se me perdió mi hermana - me contestó ella lo más amable que pudo en vista de lo sucedido.
Como me pareció que tenía cara de largarse ahí mismo a llorar le dije:
-No te preocupís, si querís yo te ayudo a buscarla ¿es la misma que andaba contigo hace un rato atrás?
-¡Sí! ¡la misma! La que andaba con chaleco azul - me dijo - mirándome escrupulosamente como para saber si yo realmente podía acordarme de la fisonomía de su hermana y, así tener siquiera una esperanza de que podía ayudarle en su búsqueda.
- ¡Claro! ¡sí me acuerdo! - le respondí con firmeza asegurándole con la cabeza. Su cara mientras tanto, iba adquiriendo poco a poco más colorido y, a su vez dibujándosele gestos que mostraban una creciente serenidad. Evidentemente, a mi no se me ocurrió fijarme en ningún momento en el color del chaleco de su hermana, como tampoco en su hermana...pero para el caso daba lo mismo...pensé que no sacaba nada con estar preocupada cuando igual no tenía posibilidades de salir a buscarla pues, estábamos todos tan inmovilizados como los mismos muebles que se encontraban allí.
Luego, di vuelta mi cabeza hacia la izquierda encontrándome justo frente a frente con una anciana de cabellos completamente canos. Como a mi me pareció extraordinario el hecho de encontrarme con una señora de tal edad, me arrimé  a ella y enseguida le pregunté:
-¿Cómo es que llegó usted hasta aquí?
-Mire mijita- me respondió mirándome con ojos cristalinos de niña- estaba yo en mi puesto de diarios sentada junto al brasero que tenía ya prendido cuando de repente, veo venir una avalancha de gente corriendo a pocos metros de distancia de donde estaba yo entonces, ante el peligro de que pudiera ser aplastada por los que venían de atrás, con una mano tomé mi bastón, con la otra me subí mis polleras y corrí junto a ustedes hasta que llegué aquí donde me ve.
El descanso duró desde aproximadamente las diez hasta las once de la mañana. Seguimos entonces caminando...trotando...corriendo corriendo corriendo...hacia la Alameda para luego internarnos en la iglesia San Francisco, donde se iba a oficiar una misa. A simple vista se podía notar el interés espiritual que traía cada ciudadano que presurosos ingresamos al templo cuando faltaba una hora aproximadamente para que ésta empezara. Se dio comienzo con un breve discurso dado por el sacerdote Rafael Marotto, quien subió al púlpito dirigiéndose a los parroquianos con gran interés de solidaridad y adhesión a la jornada que se estaba realizando.
También habló el dirigente sindical Eduardo Ríos, dándonos su apoyo y luego, juntos como hermanos cantamos todos tomados de las manos el "Himno de la Alegría" desahogándonos de esa mañana de día festivo, más agotadora que cualquier otra mañana de día de trabajo.
Como yo tenía grandes deseos de saber con mayor exactitud qué había sucedido con los restantes grupos de maratonistas, me fui recorriendo de un ala a otra del templo averiguando ésto.
El resultado fue que no sólo se le perdió una hermana a esa joven antes mencionada, sino también se perdieron varios: abuelos (as), nietos (as), primos (as), pololos (as), madres, padres, etc, etc...quizás el lector que me está leyendo sepa con mayor exactitud que yo de cuántos fueron y de cuántos no fueron el número de parientes que se perdieron.
Como ya de antemano se había avisado el término de esta maratón, cuando salimos nos contentamos sólo en aplaudir a los numerosos ciclistas que circulaban pedaliando en medio de la Alameda. Sin embargo, HAMBRE - CESANTIA - REPRESIÓN no se contentaron con ésto y con gran ímpetu, quisieron seguir maratoneando...

NOTA APARTE: Me extraña viejo Parrón que tu memoria de ELEFANTE y tus orejas de PAILA no recuerden haber leído mis escritos antes que te conociera y durante la década del 80. Continuaré enviándote algunos recuerdillos y, no esperes que nunca jamás te deje tranquilo hasta que tú mentirosillo sueltes tu lengua de garrapata.


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